Autor: Nelson R. Amaya
La segunda vuelta para las elecciones presidenciales se institucionalizó en Colombia a partir de la expedición de la nueva Constitución Política en 1991, como un requisito para ser elegido presidente de la república si no se obtiene en la primera más del cincuenta por ciento de la votación por parte de ninguno de los candidatos inscritos. Ha sido base para la profusión de aspirantes, de la mano de la aparición de nuevos partidos, lo que brinda al ciudadano colombiano una gama más amplia de alternativas para motivarlo a participar en la elección de nuestro mandatario. Estas razones han confirmado la conveniencia del mecanismo, en cada una de las siete elecciones celebradas desde la existencia del llamado ballotage. Confirma por otro lado, el divorcio gigantesco entre los partidos y sus líderes regionales y la aspiración del colombiano de depositar su confianza primordialmente por alguien para la presidencia.
De ahí que todo análisis de la situación política nacional nos lleve a mirar quiénes pasarán a segunda vuelta en 2022, dado que no se observa hoy un ganador por knockout, como fue el excepcional caso de Álvaro Uribe en 2002 y 2006.
Mi pronóstico: Entran nuevos actores a la segunda vuelta, y Petro se queda por fuera.
Es de analizar la última elección en el 2018, cuando llegamos a tener hasta cinco candidatos con supuesta opción de pasar a segunda vuelta. En primer lugar, dos candidatos de partidos con alta representación en el congreso fueron ampliamente derrotados. El caso De La Calle, el más patético, por cuanto logró convencer apenas al 21% de los miembros de su partido Liberal que votaron para el Congreso en marzo de ese año. Sigue la decepción con Vargas Lleras, líder de un partido nuevo pero consolidado en poder en el congreso, Cambio Radical, quien fue respaldado por el 35% de sus militantes. Este último castigado por provenir de la Vicepresidencia de Santos, y De La Calle por haber sido actor del impopular proceso de paz. En ambos casos, el castigado fue el gobierno.
En segundo lugar, candidatos con ninguna o modesta base parlamentaria, recibieron un gran respaldo en primera vuelta: es el caso excepcional de Gustavo Petro, quien sin estructura partidista logra cuatro millones setecientos mil votos y pasa a segunda vuelta, y Sergio Fajardo, quien dobla los votos conseguidos por los partidos que lo respaldaron y estuvo a punto de entrar en la ronda final.
Caso aparte, el de Iván Duque; su partido, el Centro Democrático, lideró las elecciones parlamentarias, y lo acompañó también el Conservador, tercero en votación para congreso. Superó en más de 3,1 millones de votos a sus partidos impulsores.
Qué había en el escenario político del momento? Un proceso de paz que dividió al país grandemente -no forma parte del debate actual, aun cuando algunos quieren que así sea-; un gobierno con baja credibilidad-igual que ahora-; una corrupción galopante-menos ahora, pero creciendo-, y un enorme descontento por malos resultados en combatir desigualdad social-igual que ahora-.
Qué ha cambiado, entonces? Para empezar, el gobierno Duque no tiene respaldo ni en su partido ni en la opinión nacional. Sus aspirantes a la candidatura presidencial no quieren ser identificados con la gestión de su gobierno. Algunos, por el contrario, estructuran su discurso con base en las críticas que de él se pueden hacer. La fatiga de elegir personas con un programa para que gobiernen con otro, adicionada al poco interés en consolidar a su partido como actor político que ha caracterizado a Duque, ponen en pronóstico reservado el despegue de la pretensión del Centro Democrático de alcanzar otro triunfo presidencial. El empuje que le dio su partido, con su líder Álvaro Uribe detrás, hoy no alcanza para llevar a ningún ungido al poder. Deberán acomodarse a apoyar, eso sí con mucha fuerza, aspiraciones de otros candidatos afines, con mejores opciones.
El dirigente Petro sigue vigente, muy actuante, estratégico. No pasa del 25% en las encuestas, pero crece la opinión negativa sobre él, al punto que pudiera decirse que asusta al electorado nacional de tradición sensata al votar. Intenta convencer a algunos empresarios, y acuña frases que pretenden hacer olvidar su historial de actuaciones y pensamiento de izquierda como si se tratara de un borrón y cuenta nueva. Difícil será desprenderse del discurso propio de su talante, impulsor de odios y resentimientos, de corte estatista en el sistema de gobierno propuesto, y generador de un techo de soporte electoral que no lo hará crecer en sus pretensiones presidenciales. Sin mencionar su burdo respaldo a la anarquía de paros recurrentes que atrasaron al país y con áulicos propiciadores de enfrentamientos violentos con las fuerzas del estado. Si la vez pasada ganó votación como rechazo al gobierno, hoy compiten con él otros varios aspirantes que igual no se identifican con Duque. Los votos anti-gobierno no se van con él.
En el afán por convencer a esos electores sensatos, que es lo que denominamos la “gran mayoría nacional”, Fajardo, inasible en sus planteamientos, se une con De La Calle, el gran derrotado anterior, y con Robledo, de la izquierda pura, para hacer lo que se llama en el Caribe, un arroz con mango. Anodinos, contrarios a mucho y convencidos de nada, deambulan como sonámbulos por la geografía nacional, pero cuentan sin embargo con un discurso contrario al del gobierno y al del Centro Democrático, y eso les da una importante vigencia en la captura de rechazos. Es una unión cosmética, tanto desde el punto de vista programático, como desde el enfoque político. Pero siguen siendo fuertes a la luz de la visión popular. Se les pega Alejandro Gaviria, con el respaldo de César ídem, y lo que él arrastra del partido Liberal, de poca consistencia a la hora de votar para presidencia. Igual, con posibilidad de crecer, a base de mostrar un perfil de genio, que a muchos les gusta. Federico Gutiérrez surge con posibilidades, a punta de oponerse a Petro, y con talante joven, sin grandes discursos pero con buena imagen.
Y qué será del conservatismo, que en la ocasión anterior jugó dentro del tiquete con el Centro Democrático? Mauricio Cárdenas, para el Banco Mundial; Jorge Ospina en plan más académico que de contacto con electorado, y Juan Carlos Echeverry dando la batalla por lograr posicionarse como la carta ganadora.
Estos aspirantes, preparados, experimentados, probados en cargos públicos y privados con suficiencia, debe honrar una palabra de debatir con seriedad los planteamientos para gobernar, y dejar atrás las payasadas de Petro y algunos de quienes lo acompañan, que lindan con lo ridículo y absurdo. Imposible que Colombia, que se precia de ser seria para votar para la presidencia, no logre concentrarse en lo ponderado, para saltar al vacío de lo insospechado y populista. Seamos serios.